23/11/2013
Sin apenas echar ojo (por los bichitos y la humedad del colchón donde dormimos), recogimos toda la ropa, cargamos las alforjas y fuimos a desayunar justo en frente del guesthouse, sobre un muro que limitaba el río Mekong. Debían ser las 5.30 de la mañana y el sol empezaba a asomar, mientras un grupo de mujeres hacían aerobic que nos hicieron muy ameno el desayuno. Nos esperaba un camino incierto hacía la capital de Camboya: Phnom Penh.
Sin apenas echar ojo (por los bichitos y la humedad del colchón donde dormimos), recogimos toda la ropa, cargamos las alforjas y fuimos a desayunar justo en frente del guesthouse, sobre un muro que limitaba el río Mekong. Debían ser las 5.30 de la mañana y el sol empezaba a asomar, mientras un grupo de mujeres hacían aerobic que nos hicieron muy ameno el desayuno. Nos esperaba un camino incierto hacía la capital de Camboya: Phnom Penh.
